Una chef originaria de Tailandia, una propuesta inspirada en la comida callejera de su país y uno de los mejores curries y mango sticky rice que he probado en la ciudad.
No sé si les ha pasado, pero hay restaurantes a los que vas sin demasiadas expectativas y terminas saliendo con unas ganas enormes de regresar. Eso fue exactamente lo que me pasó con Kab Khao, un restaurante relativamente nuevo en la colonia Juárez que, después de una sola visita, se convirtió en uno de mis lugares favorito para comer cocina tailandesa en la Ciudad de México (si no es que el favorito).
Encontrar un buen restaurante tailandés no necesariamente es tan sencillo como parece. Es una cocina que tiene muchísimo más que ofrecer que los clásicos fideos salteados, y cuya riqueza está precisamente en el equilibrio de sabores que pueden parecer opuestos: dulce, ácido, salado, picante y una cantidad impresionante de aromas que, cuando están bien trabajados, hacen que cada bocado sea mucho más interesante.
Eso fue justamente lo que encontré aquí.
Una propuesta que parte de la cocina callejera tailandesa.
Kab Khao tiene una propuesta construida alrededor de la cocina callejera de Tailandia, las recetas familiares y uno de los ingredientes más importantes de su gastronomía: el arroz.
De hecho, su nombre hace referencia a esa relación con el arroz y los alimentos que lo acompañan, algo que tiene mucho sentido cuando uno entiende la importancia que tiene este ingrediente en la vida cotidiana y en la gastronomía tailandesa.
Al frente de la cocina está la chef Amy, originaria de Tailandia, quien después de haber trabajado durante años en hoteles de cinco estrellas en diferentes países, hoy encabeza este proyecto con una propuesta mucho más casual, accesible en su concepto y pensada para compartir.
Y eso es algo que me gusta mucho de este restaurante: no intenta convertir la cocina tailandesa en una experiencia innecesariamente complicada. Al contrario, la propuesta gira alrededor de platillos que tienen muchísimo sabor, preparaciones tradicionales y una forma de comer mucho más relajada.
Pero lo verdaderamente interesante está en cómo se construyen los sabores. Hay una atención especial a los contrastes, tanto de sabor como de textura, y algunos platillos tienen una profundidad que difícilmente se consigue cuando simplemente se busca reproducir una receta sin entender los ingredientes que la componen.
Los rollitos primavera: sencillos, pero muy bien ejecutados.
Empezamos con una orden de cuatro rollitos primavera fritos, rellenos de vegetales y acompañados de una salsa agridulce. Aunque pueden parecer una entrada bastante sencilla, son de esos platillos en los que la ejecución hace toda la diferencia.
Lo primero que me gustó fue la cubierta: delgada, perfectamente dorada y muy crujiente. No tienen esa sensación pesada o excesivamente grasosa que a veces encontramos en este tipo de frituras, sino una textura ligera que se rompe muy agradablemente con cada mordida.
En el interior encontramos un relleno de vegetales que aporta humedad y una textura mucho más suave, contrastando muy bien con el exterior.
La salsa agridulce termina de complementar el plato. Tiene ese contraste entre dulzor y acidez que funciona especialmente bien con los alimentos fritos, porque ayuda a equilibrar la sensación de grasa sin quitarle protagonismo al resto de los ingredientes.
No es necesariamente el platillo más sorprendente de la comida, pero sí una muy buena forma de empezar y, sobre todo, una entrada que demuestra que incluso las preparaciones más sencillas pueden destacar cuando están bien hechas.
Precio: $145 por cuatro piezas.
Pad Thai con mariscos: uno de los mejores que he probado en la ciudad
Si hay un platillo que casi todo el mundo relaciona inmediatamente con la cocina tailandesa, probablemente sea el pad Thai.
Y aunque es uno de los más conocidos, también es uno de esos platos que pueden cambiar muchísimo de un restaurante a otro. A veces resultan excesivamente dulces, otras demasiado secos o simplemente terminan siendo unos fideos salteados sin demasiada personalidad.
El de Kab Khao me encantó y, sin exagerar, ha sido uno de los más ricos que he probado en la Ciudad de México. Se prepara con fideos de arroz salteados al wok, huevo, tofu, tamarindo, germen de soya, cacahuate y vegetales. Nosotros elegimos la versión con mariscos.
Lo que más me gustó fue el equilibrio que logra entre los distintos sabores. Tiene un dulzor muy agradable que no llega a ser empalagoso, una acidez proporcionada por el tamarindo que le da muchísima vida y ese fondo salado que termina de integrar todos los ingredientes.
Ninguno de estos elementos domina por completo. Al contrario, se complementan de una forma en la que puedes distinguirlos, pero al mismo tiempo funcionan como un conjunto.
En cuanto a la textura, los fideos tienen una consistencia suave y ligeramente elástica, sin estar sobre cocidos ni convertirse en una masa pegajosa. El cacahuate aporta ese contraste crujiente que me parece fundamental en un buen pad Thai, mientras que los vegetales y el germen de soya le dan cierta frescura a la preparación.
Me gustó particularmente que fuera un platillo lleno de sabor sin sentirse pesado. Es de esos que sigues comiendo porque cada bocado tiene algo que disfrutas.
Y aunque más adelante llegó otro plato que terminó robándose toda nuestra atención, este pad Thai por sí solo ya sería una razón suficiente para regresar.
Precio: $245, más $75 por la opción con mariscos. Total: $320.
Curry Panang con res: el gran protagonista de la comida
Llegamos al que, para mí, fue definitivamente el mejor platillo de toda la experiencia: el curry Panang con res. Y quiero detenerme un poquito más aquí porque realmente fue uno de esos platos que te sorprenden desde la primera cucharada.
El Panang es una preparación tailandesa de curry rojo que se caracteriza por tener una consistencia más espesa y concentrada, con una base cremosa de leche de coco y una mezcla de especias e ingredientes aromáticos que le dan una personalidad muy particular.
En Kab Khao lo preparan con hojas de lima makrut, un ingrediente que aporta un aroma cítrico muy distintivo y que, en mi opinión, es una de las cosas que hacen tan especial a este plato. Desde que lo pruebas encuentras una combinación de sabores espectacularmente profunda.
Lo primero que se percibe es la cremosidad de la leche de coco, que le da una textura suave, envolvente y ligeramente untuosa. Después empiezan a aparecer las especias, las notas aromáticas y ese carácter cítrico que le da mucha frescura a una preparación que, de otra forma, podría resultar demasiado intensa.
Es un curry con muchísimo cuerpo, pero también con un equilibrio muy bien logrado. Tiene sabores profundos, especiados y ligeramente dulces, que se van desarrollando en boca sin que ninguno opaque completamente a los demás.
Nosotros elegimos la versión con res, que combina particularmente bien con esa salsa espesa e intensa. Lo acompañan con arroz jazmín al vapor. El arroz, con su textura suave y su aroma delicado, funciona como el complemento perfecto para un curry tan concentrado. Absorbe la salsa, ayuda a equilibrar su intensidad y hace que cada cucharada tenga una combinación deliciosa de sabores y texturas.
De verdad, pocas cosas se me antojan tanto como regresar a comer este curry con una buena porción de arroz. Fue el platillo que más disfrutamos, el que más comentamos durante la comida y el que definitivamente pediría otra vez sin pensarlo dos veces.
Precio: $310, más $30 por la versión con res. Total: $340.
Los postres: un gran helado de té tailandés y un mango sticky rice extraordinario
Aunque normalmente después de una comida tan llena de sabores intensos podría parecer que los postres van a pasar a segundo plano, aquí sucedió todo lo contrario.
Probamos dos y, aunque ambos nos gustaron mucho, hubo uno en particular que terminó convirtiéndose en otro de los grandes motivos por los que quiero regresar.
El primero fue un helado suave de té tailandés, acompañado de coco tostado. Me gustó mucho porque, a pesar de ser un postre cremoso, tiene un sabor bastante fresco y nada plano.
El té tailandés tiene un perfil muy característico, con notas intensas de té negro que contrastan con la dulzura y la textura láctea del helado.
Además, el coco tostado le da un contraste de textura muy agradable y un sabor ligeramente tostado que combina perfectamente con las notas del té. Es un postre sencillo, bien logrado y muy disfrutable, especialmente si te gustan los sabores relacionados con el té.
Precio: $105.
Mango sticky rice: uno de los mejores que he probado
Pero si solamente pudieran pedir un postre en Kab Khao, mi recomendación sería definitivamente el mango sticky rice.
Y no lo digo a la ligera: probablemente es el mejor que he probado hasta ahora. Para quienes no lo conocen, se trata de uno de los postres tradicionales más representativos de Tailandia. Está preparado con arroz glutinoso, leche de coco y mango fresco; en este caso, también lo acompañan con ajonjolí.
Puede sonar como una combinación bastante sencilla, pero cuando está bien ejecutada es una auténtica maravilla.
El arroz tiene una textura pegajosita, suave y ligeramente masticable que me encanta. No se siente como un arroz convencional ni tampoco como una preparación pastosa, sino que conserva esa consistencia tan particular del arroz glutinoso.
La leche de coco aporta cremosidad y una dulzura que acompaña perfectamente al arroz, mientras que el mango fresco introduce otro tipo de textura y una sensación muchísimo más jugosa.
Esa combinación entre la temperatura y textura del arroz, la cremosidad del coco y el sabor naturalmente dulce y fresco del mango es simplemente deliciosa.
Además, el ajonjolí añade un pequeño contraste que termina de complementar el conjunto.
Lo interesante es que no necesita una cantidad exagerada de ingredientes ni una presentación rebuscada para ser extraordinario. Es precisamente la calidad de cada uno de sus elementos y la forma en la que se combinan lo que hace que funcione tan bien.
De verdad, volvería mil veces a Kab Khao solamente por comer este postre.
Precio: $180.
Mi conclusión: un restaurante al que definitivamente voy a regresar
Hay algo que valoro muchísimo cuando conozco un restaurante nuevo, y es salir sintiendo que realmente descubrí algo que me gustaría incorporar a mis lugares habituales. No solamente porque uno o dos platos hayan estado ricos, sino porque la experiencia me haya dejado con ganas de seguir explorando el menú.
Me gustó encontrar una propuesta casual que gira alrededor de la cocina callejera tailandesa y que pone especial atención en los sabores y las texturas, sin intentar complicar innecesariamente los platillos.
Por supuesto, todavía me falta probar una buena parte de su carta, y una sola visita no es suficiente para conocer todo lo que una cocina tiene que ofrecer. Pero con lo que comimos, puedo decir que Kab Khao acaba de convertirse en mi nuevo restaurante tailandés favorito de la Ciudad de México.
Si planean ir, mi recomendación es que no se salten el curry Panang ni el mango sticky rice. Son dos preparaciones por las que yo regresaría sin dudarlo.
★★★ (Excelente)
Conoce más:
Instagram: @kabkhaomx
Cheque promedio ($$)
Entre $400 y $550 por persona.
Dirección:
Liverpool 45, col. Juárez.






