Poniendo a prueba el hype de los nuevos restaurantes y lugares virales en la Ciudad de México para darte mi opinión honesta.
Esta vez visitamos El Silverio, un nuevo bar de tapas y asador en la Condesa que, a pesar de llevar muy poco tiempo abierto, ya está dando bastante de qué hablar. Un lugar que ha comenzado a llamar la atención por su propuesta de tapas, pescados y cortes de carne, y que se suma a la creciente lista de aperturas gastronómicas de esta colonia. Pero con tantos restaurantes nuevos que aparecen prácticamente cada semana en la ciudad, creo que vale la pena preguntarnos cuáles realmente ofrecen algo interesante y cuáles simplemente están teniendo su momento de popularidad.
Si hay algo que odio es gastar mi dinero en comida mala, y algo que siempre he tenido muy claro es que, independientemente de si visito un restaurante por mi cuenta, me invitan o incluso me pagan por conocerlo, mi opinión siempre va a ser honesta. Para mí, hacer reseñas no se trata de quedar bien con los restaurantes, sino de compartir mi experiencia tal cual fue, tanto lo bueno como lo malo. Y creo que eso es especialmente importante cuando hablamos de lugares nuevos que empiezan a hacerse virales, porque muchas veces las expectativas son bastante altas incluso antes de sentarnos a la mesa. También hay que considerar que un restaurante puede tener ingredientes de excelente calidad, una propuesta interesante y platos muy bien ejecutados, pero eso no significa necesariamente que toda la experiencia sea perfecta o que cada cosa que pidas justifique su precio. Justamente con esa idea visitamos El Silverio, para conocer su cocina, probar algunos de los platos de su carta y comprobar si realmente vale la pena todo el hype que está generando.
Para empezar, nos recibieron con unas gildas de cortesía, un detalle que personalmente me gustó mucho para comenzar la experiencia. Después probamos el carpaccio de atún con chile serrano y yuzu, una combinación de sabores que me gustó muchísimo, especialmente por el contraste entre la frescura del pescado, la acidez del yuzu y el picor del chile serrano. Es un plato que se siente muy fresco y en el que los ingredientes funcionan bastante bien juntos, sin que ninguno termine opacando al otro. Sin embargo, aunque en cuanto a sabor me pareció muy bueno, personalmente creo que la porción es bastante pequeña para el precio.
También pedimos el kampachi con chile manzanilla de $120, que fue otra de las preparaciones que más disfruté. Me encantó por su frescura y su textura delicada, pero sobre todo por ese toque picante que aporta el chile manzanilla y que le da muchísimo carácter al plato. Es una preparación bastante sencilla, pero precisamente por eso creo que la calidad del pescado es fundamental, y aquí me pareció que estaba muy bien lograda. El picor complementa muy bien el sabor del pescado sin quitarle protagonismo y, en general, me pareció una combinación muy rica. De los platos que probamos, este definitivamente sería uno de los que volvería a pedir.
Seguimos con la tortilla de patata de $200, que personalmente fue una de las preparaciones que menos disfruté. Tiene un interior bastante líquido, algo que sé perfectamente que corresponde a un estilo de preparación y que incluso es una característica que muchas personas buscan en este tipo de tortillas. Sin embargo, a mí en lo personal nunca me ha encantado esa consistencia y, en este caso, me pareció particularmente acuosa. No diría necesariamente que está mal preparada, porque entiendo que esa es la intención del plato, pero definitivamente no es una textura que disfrute. Además, en cuanto a sabor tampoco me pareció algo extraordinario o que destacara demasiado frente al resto de las preparaciones que probamos. Si te gustan las tortillas de patata con el interior muy poco cuajado, probablemente la disfrutes mucho más que yo, pero si eres de los que prefieren una consistencia un poco más firme, personalmente te recomendaría ahorrártela y probar alguna otra cosa de la carta.
Ahora, uno de los platos que más destacaría de toda la comida fue el entrecôte de 400 gramos de cruza wagyu haragi, con un precio de $1,500. Sé que estamos hablando de un corte con un precio bastante elevado, pero en este caso sí creo que vale completamente la pena. Para empezar, la porción me pareció muy abundante, especialmente si la comparamos con algunos de los otros platos que probamos, y la cocción fue prácticamente perfecta. La carne estaba en un punto que permitía apreciar muy bien su textura, su jugosidad y, sobre todo, la calidad del producto. Algo que personalmente valoro muchísimo cuando pido un buen corte es que la preparación permita que la carne sea la protagonista, sin necesidad de demasiados elementos adicionales, y creo que aquí lo consiguieron muy bien. Fue un plato que realmente disfruté de principio a fin y que, a pesar de su precio, sí volvería a pedir. De hecho, me parece interesante cómo dentro de un mismo restaurante puedes encontrarte con platos cuyas porciones se sienten algo limitadas para su costo y, al mismo tiempo, con otros como este entrecôte, que aunque son considerablemente más caros, terminan ofreciendo una mejor relación entre calidad, cantidad y precio.
En cuanto al servicio, tengo que decir que me pareció un poco distraído. Durante nuestra visita hubo algunos detalles en la atención y al final incluso tuvimos un pequeño error en nuestra cuenta, algo que evidentemente no debería suceder, pero que también creo que hay que poner en contexto. Cuando visitamos El Silverio llevaban apenas unos días abiertos, y es normal que durante las primeras semanas de operación todavía existan ciertos ajustes pendientes. Personalmente creo que el servicio es una parte fundamental de la experiencia en cualquier restaurante, especialmente cuando manejan precios de este nivel, porque al final no solamente estás pagando por la comida, sino por toda la experiencia. Aun así, tampoco me parece justo juzgar de manera demasiado severa a un lugar que apenas está comenzando sus operaciones. Son detalles que definitivamente tienen que pulir y que espero que mejoren conforme el equipo vaya tomando ritmo.
En general, la comida me gustó mucho. Me parece que El Silverio tiene una propuesta interesante, con ingredientes de muy buena calidad, combinaciones de sabores que funcionan bastante bien y una buena técnica detrás de varias de sus preparaciones. Hubo platos que realmente me sorprendieron para bien, como el kampachi y especialmente el entrecôte, pero también otros que, aunque estaban bien ejecutados o tenían ingredientes interesantes, no terminaron de convencerme del todo, ya fuera por su porción, su consistencia o simplemente porque personalmente esperaba algo más. Y creo que esa es precisamente la importancia de visitar un restaurante y probar diferentes cosas antes de formarse una opinión general, porque difícilmente todos los platos de una carta van a gustarnos por igual.
¿Regresaría? Definitivamente sí. Me parece un lugar al que volvería sin problema por una buena cerveza, unas cuantas tapas y, si tengo mucha hambre, por ese entrecôte de wagyu. Personalmente me quedé con ganas de seguir probando otros platos de su carta y creo que, una vez que terminen de ajustar algunos detalles propios de una apertura reciente, la experiencia puede ser todavía mejor. Por ahora, El Silverio sí se queda en mi lista de lugares a los que regresaría en la Condesa.
★ (Bueno)
Conoce más:
Instagram: @elsilverio.cdmx
Cheque promedio ($$$)
Entre $800-$1,500 por persona.
Dirección:
Fernando Montes de Oca 83, col. Condesa.






